Corredores y camaradas
Por Mario Trota para carreraspopulares.com
Después de unos años corriendo (no me considero un veterano de esto, ni mucho menos), me he dado cuenta de muchas cosas: que no tienes por qué ´machacarte´, que a veces es mejor parar y descansar, que el objetivo de todo debe ser disfrutar y que en muchas ocasiones la mayor satisfacción no llega con los logros personales. Algunos de los mejores momentos que he vivido me han pasado ayudando a alguien a conseguir sus retos o a mejorar sus marcas. Acompañando a un amigo, un familiar o una pareja.
Permitidme que este artículo de hoy resulte excesivamente sentimental y un tanto "cursi", pero los que sabéis de lo que hablo lo vais a entender perfectamente. Y los que lleváis poco en esto seguro que lo entenderéis con el paso del tiempo y cuando viváis una experiencia similar.
Y es que al principio no le das importancia, porque estás sólo pendiente de mejorar por tu cuenta y correr lo mejor que puedas. Pero llega el día en el que, como novato que eres, recibes un consejo, un apoyo y una oferta: “si quieres, te acompaño en tu primera media maratón”. Y piensas que es una gran idea, claro. Ese amigo al que a veces admiras, a veces tienes envidia porque corre más rápido que tú y cuando va contigo parece que no está ni esforzándose. Él te va a acompañar en tu estreno en la distancia de los 21 kilómetros y 97 metros.
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Y te va a dar consejos. Antes y durante la carrera. Te dirá que salgas con tranquilidad, sin pasarte de ritmo. Y que el tiempo no importa, que lo que tienes que hacer es terminar tu primera media maratón con ganas de más kilómetros y como si hubieras hecho sólo 10. Te animará en los momentos en los que las fuerzas te abandonen y cuando estés llegando a la meta te aplaudirá y sentirá como suya la ´victoria´.
En un momento más avanzado, ese amigo, u otro, puede ayudarte a conseguir una marca, y hará de ´liebre´. Porque él es mejor que tú y es capaz de marcar un ritmo que para ti requiere un esfuerzo y para él no supone consumir tanta energía. Y además intentará llevarte en volandas hasta la meta.
Cuando tú acompañas
Ese amigo, con el paso del tiempo, pasas a ser tú. Y entonces entiendes bien lo que siente esa persona que te acompañó en tu primera media, en tu primer 10 K, en tu primera maratón o simplemente en aquella carrera especial.
Así que cuando tú tienes la experiencia y la habilidad suficientes para hacer todo esto, acompañar o ser liebre, descubres una nueva dimensión en esto de correr. De correr por placer. Porque es un auténtico placer sentir cómo un amigo, una pareja o un familiar confían en ti para que les ayudes a conseguir su objetivo. Y por la satisfacción que supone acabar pensando en que el trabajo se ha hecho bien. Y si no se consigue, al menos lo has intentado. Pero has estado al lado de esa persona para apoyarla también en los malos momentos.
Pero, ¿y si la persona a la que ayudas es la misma que te ayudó a ti por primera vez? Pues sí, puede pasar. A mí me ocurrió. Fue en un maratón. Él ya no es tan rápido como antes. Los años pesan y el rendimiento baja. Además, acababa de salir de una lesión y su único objetivo era acabar la carrera en un tiempo decente y sin molestias al fin después de muchos meses. Había preparado la carrera con ese reto en la cabeza: volver a terminar una larga distancia sin pensar en si le iba a doler o no el pie, sin preocuparse por la fascitis. Y quizá la charla animada que llevamos durante toda la mañana mientras corríamos le ayudó a no darle vueltas a la lesión. El ritmo era lo de menos, yo no tenía que marcar ninguno, como he hecho otras veces. Y, a pesar de ello, acabamos consiguiendo una gran marca para su edad y su rendimiento.
Al acabar, nos abrazamos como la primera vez que lo hicimos: aquel día que él me ayudó a cruzar la meta de mi primera media maratón. Esos, quizá, son los recuerdos que se mantienen más vivos con el paso de los años. Porque una de las cosas que más valoro en esto de correr es el buen número de grandes amistades que he hecho ´pateando´ el asfalto.