Mis amigos que no corren

Por Mario Trota para carreraspopulares.com
Esos amigos que no corren
Esos amigos que no corren

Correr me ha dado mucho. Sobre todo, buenos amigos. Esos que he conocido entrenando o en las carreras. Personas con las que tengo en común mi principal afición. Pero antes de correr yo tenía otros amigos, y muchos siguen siéndolo. ¿Cómo es mi relación con ellos? Os lo voy a contar, porque seguro que muchos os sentís identificados con ello.

Los amigos que más se sorprendieron de que empezara a correr cuando yo era alguien con sobrepeso y amante de salir de fiesta fueron, precisamente, los que compartían conmigo esos momentos en bares, discotecas y terrazas en medio de cervezas, copas y música. No éramos unos reyes de la noche, ni mucho menos, pero nos gustaba salir de vez en cuando los fines de semana a pasarlo bien, como a todo el mundo.

Algunos de ellos practicaban algún deporte: partidos en plan “pachanga” algún sábado por la mañana, senderismo en la montaña o partidos de pádel cada dos o tres semanas. Pero a ninguno le había dado por correr. Las primeras bromas eran las más comunes y menos ingeniosas: “correr es de cobardes”; “pero para qué corres si nadie te persigue”; “corre, Forrest, corre”.

Pero lo que más les extrañaba era que decidiese acabar la noche de cena y copas cuando apenas había entrado la madrugada porque al día siguiente tenía una carrera o había quedado para entrenar con otros amigos. No entendían que mis prioridades estuvieran cambiando.

Los tiempos cambian

De hecho, con el paso de los meses, mis salidas nocturnas comenzaron a reducirse y a hacerse más diurnas. Dejé de beber alcohol “duro” y pasé a consumir únicamente cerveza de forma ocasional, muchas veces “SIN” o “0,0”. Seguía quedando con mis amigos de siempre, y a veces hasta altas horas de la noche, pero no era tan habitual.

Ellos lo entendían, en el fondo. Muchos han cambiado con la edad y también han reducido sus momentos de fiesta. Otros siguen casi igual. Pero la verdad es que, bromas y comentarios jocosos aparte, nunca he recibido ninguna crítica. De hecho, algunos de ellos empezaron a correr poco después de hacerlo yo. Porque en su trabajo se montó un grupo de ‘running’ o porque querían cuidarse, como me pasó a mí. Y venían a pedirme consejo.

En general, sigo manteniendo bastante contacto con casi todos esos amigos, aunque las cosas sean diferentes y nos vamos mucho menos. Yo sigo corriendo. Y, aunque en alguna ocasión una cena se alarga hasta bien entrada la madrugada y me dejo llevar con la bebida (me aplico eso de “una vez al año”), la verdad es que no echo nada de menos aquellos fines de semana de fiesta en los que correr era lo último que me pasaba por mi cabeza cuando apuraba mi tercer ron-cola de la noche.

SOBRE EL AUTOR

Mario Trota
Corredor popular


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