Caminar rápido minimiza el deterioro cardiovascular

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

Los resultados del estudio de Stamatakis, en el que se analizó a 50.225 caminantes durante 1994 y 2008, demuestran que en general la mortalidad sí está relacionada con la velocidad de paseo. Aquellas personas que mantenían un paso brioso —sin llegar a correr— en sus caminatas diarias mostraron un 24% menos de riesgo de mortalidad por cualquier causa. Hacer el mismo recorrido a un ritmo medio, solo la reduce en un 20%. Valores similares se aprecian en la reducción de riesgo cardiovascular. No así en la incidencia del cáncer, a la que parece no afectar el ritmo de paseo.

Ahora bien, ¿en qué consiste ese milagro interno de longevidad por obra y gracia de caminar rápido? «Caminar a buen paso, o, como se llama ahora, hacer power walking, aumenta la capacidad cardiorrespiratoria, disminuye o mejora la tensión arterial y el riesgo de enfermedades coronarias, retrasa la osteoporosis al mejorar la producción de masa ósea, incrementa la masa muscular y su flexibilidad, ayuda a bajar el peso corporal, fortalece las articulaciones y mejora la capacidad defensa del organismo frente a infecciones», apunta María Concepción Vidales, médico especialista en nutrición y directora de Nutrimedic . Teniendo en cuenta que las enfermedades vinculadas al sistema circulatorio suponen una de cada tres defunciones en España, todo lo que fortalezca el corazón y el sistema coronario estará reduciendo el riesgo de engrosar esas negras estadísticas.

Pero hay más. El 6,1% de las muertes en España se debe a enfermedades del sistema nervioso. Y en muchas ocasiones, existe una relación con el deterioro cardiovascular. Mimar el corazón puede mantenerle alejado de la demencia senil. «En España un tercio de la población no realiza actividad física. Este es el factor de riesgo más potente de desarrollo de Alzheimer en nuestro entorno», advierte Carmen Terrón, del servicio de Neurología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela. «Los ancianos de entre 70 y 80 años que se han mantenido físicamente activos en los cinco años previos podrían tener un 40% menos de posibilidades de desarrollar alzhéimer». Una razón más para apretar el paso antes de que olvidemos por qué estamos caminando. Lo dicho: caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Y si lo hace apretando el paso, mucho mejor.

SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Licenciado en Medicina y Cirugía

www.temasmedicosdiversos.com


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