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Corriendo por la historia: Vesubio (Italia)

Por Jorge González de Matauco para carreraspopulares.com

 

Dentro de la variada colección de personajes que han pululado por el golfo de Nápoles, a la sombra del Vesubio, sin duda el más popular, y quizá también el más controvertido y polémico, ha sido Diego Armando Maradona. Ni siquiera hay que acercarse a la urbe napolitana para comprobarlo. Basta con atravesar localidades menores como las que cruza el ferrocarril de la circumvesuviana y observar cómo, más de treinta después de que dejara Nápoles, su imagen decora calles y comercios, y aún se le dedican exposiciones a modo de homenaje. En la década de los ochenta, después de que Maradona aterrizara en Nápoles, los recordados partidos contra los equipos del norte de Italia tenían al Vesubio muy presente. Porque los más ultras de las hinchadas rivales, especialmente los del Verona, invocaban al sagrado volcán de forma no demasiado amistosa para los napolitanos: “O Vesuvio, lavali col fuoco/Oh Vesubio, lávalos con el fuego”. Claro que los aludidos respondían con términos insultantes contra Julieta, la musa romántica veronesa. Así, los estadios de fútbol eran, y siguen siendo, uno de los principales foros donde se dirimían las sempiternas rivalidades territoriales italianas.

Si Maradona y el fútbol nos parecen excesivamente vulgares para mencionar al Vesubio, pongámonos más serios y recordemos a Plinio el Joven, autor de una célebre carta en la que, tal vez de forma exageradamente heroica, relató la muerte de su tío, Plinio el Viejo, mientras intentaba rescatar a los afectados por la erupción del volcán en el año 79 después de Cristo. Porque si nos estremeció la inusual erupción del volcán de La Palma en 2021, que no causó ninguna víctima mortal, imaginemos lo que supuso para los habitantes de Pompeya, Herculano y Estabia, el estallido del Vesubio aquel año 79, cuando miles de personas perdieron la vida de forma dramática. Aquella enorme y extraña nube en forma de seta que se formó en el cielo, encima de la montaña, se convirtió en una lluvia incesante y ardiente de cenizas, piedra pómez y rocas ennegrecidas y quemadas. Diversas olas mortíferas, con vientos que alcanzaban velocidades de cien kilómetros por hora y temperaturas de más de quinientos grados, barrieron los alrededores del Vesubio sepultando ciudades enteras debajo de piedras volcánicas, fango y material piroclástico. De hecho, lo que más emociona de una visita a los complejos arqueológicos de Pompeya y Herculano es contemplar los esqueletos o los cadáveres conservados de aquellos desdichados que murieron abrasados mientras esperaban algún barco salvador que los transportara fuera de aquel infierno. Algunos permanecen abrazados tal como afrontaron sus instantes finales.

Y si aún necesitamos más épica, por estos lares aconteció la rebelión de Espartaco, el esclavo tracio que en el año 73 antes de Cristo se alzó contra la invencible y opresora Roma.  Una insurrección bien recordada por la película dirigida por Stanley Kubrick con Kirk Douglas como protagonista.

Tanto si preferimos a Maradona, como si nos gustan más los Plinios o el héroe Espartaco, el Vesuvio Ultramarathon nos permite correr y rememorar los escenarios de las gestas y las tragedias que han ocurrido en esta región, en pleno Parque Nacional de Vesubio. Con carreras a elegir de 50, 30 y 15 kilómetros (en 2024 se añadirá una cuarta de 80), cada participante puede conocer las rampas del Vesubio de acuerdo a su nivel. En mi caso, con la distancia intermedia de 30 kilómetros y 2.000 metros de desnivel positivo tengo más que suficiente. A diferencia de la de 15 kilómetros, la carrera de 30 permite alcanzar la cumbre del volcán, a lo largo de una atractiva vuelta circular al corazón del parque nacional.

 

 

Vesuvio Ultra Marathon | Tre gare sulle pendici del Vesuvio

Ottaviano es la sede de la prueba, una localidad de poco más de 20.000 habitantes que, como todas las de la zona, todavía celebra el reciente título liguero de los sucesores de Maradona en el Nápoles. Desde el palacio Mediceo, una parte inicial ascendente, primero por pista asfaltada y luego por un sendero estrecho, conduce al primer avituallamiento y a una parte más tendida hasta alcanzar el árido Valle del Infierno, ya a la sombra del cráter del Vesubio y por caminos de lava. El ascenso a la cima se culmina por la ruta normal, por donde suben los senderistas que han dejado el coche en el parking cercano y se dirigen al cráter entre puestos de recuerdos. Tiempo para hacer algunas fotos y lanzarse en un descenso inicialmente agradecido por pistas de lava sin ninguna dificultad y con vistas fabulosas de la bahía de Nápoles, pero posteriormente endemoniado y carente de cualquier camino entre lodazales de arena volcánica de elevada pendiente donde los pies se hunden hasta el tobillo. No es hasta finalizar el descenso cuando uno puede darse el lujo de sacar toda la arena de las zapatillas (y de los calcetines) para evitar cualquier contratiempo en forma de ampollas.


 
El calor aprieta al encarar la interminable subida hacia el Cognoli di Ottaviano, uno de los picos del antiguamente llamado monte Somma, que rodea la caldera del Vesubio y forma parte del conglomerado volcánico. El ascenso culminará después de un fatigoso tramo inicial, una parte media más suave y un cresteo final que se vuelve a endurecer y donde las aparentes cimas se suceden sin interrupción mientras la real no parece llegar nunca. Salvado el campo de arena anexo a la cumbre, la bajada final hacia Ottaviano carece de complicaciones técnicas.

Como muchas veces una carrera no es más que una excusa para conocer un determinado lugar, no son pocas las atracciones que esperan al visitante del golfo de Nápoles. Desde descubrir los murales y los altares de Maradona en las calles napolitanas, a descansar del esfuerzo en las islas de Capri e Ischia, o a recorrer los acantilados de la atestada costa amalfitana, con la localidad de Positano como núcleo referencial. Pero sobre todo, cualquier enamorado de la historia no terminará el viaje sin pasar varias horas por los yacimientos arqueológicos de Herculano y Pompeya. Y como habitualmente siempre nos quedamos con el recuerdo de lo más estrambótico, lo que más sorprende de Pompeya son las pinturas del burdel y, aún más, la puerta de la casa los Vettii, donde un personaje que muestra sus carnes de cintura para abajo aparece retratado con un falo de proporciones gigantescas. Se trata del dios Príapo, divinidad relacionada con la fertilidad y la abundancia, y también un poderoso amuleto contra el mal de ojo. Nada más apropiado para cerrar el viaje, porque en Nápoles y en toda la región del Vesubio brillan la desmesura y la exageración, sea en la persona de un futbolista genial, de un escritor remoto, de un esclavo rebelado o de un dios exhibicionista, y también en una carrera que permite sumergirse en la cultura y los senderos que rodean uno de los volcanes más famosos del mundo.

Homepage - Pompeii Sites Portale Ufficiale Parco Archeologico di Pompei

Texto y fotos: Jorge González de Matauco, autor del libro En busca de los puertos míticos

 

SOBRE EL AUTOR

Jorge González de Matauco
Autor del libro “En busca de las carreras extremas“


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