De corredor a runner

Por Mario Trota para carreraspopulares.com
De corredor a runner
De corredor a runner

Yo llegué al mundo runner hace relativamente poco. Empecé a correr pasados los 35 años porque tenía un peligroso sobrepeso y quería ponerme en forma. Fui uno de los que se subió al tren del deporte que se empezaba a poner de moda y cuando la palabra running invadió definitivamente nuestras vidas. No reniego de ese anglicismo. Me da igual cómo se llame. Correr, running o atletismo (la coletilla ‘popular’ creo que es necesaria en este caso). Yo simplemente corro, y la actividad física en sí es un lenguaje universal. No entiende de idiomas.

Pero yo ya corría hace muchos años. Cuando era un adolescente, en los años 80. Entonces tampoco podía decir que practicara atletismo. Simplemente salía a correr de vez en cuando, solo o con amigos. Y nos apuntábamos a un par de carreras populares al año. Es cierto que una vez estuve en el equipo de atletismo del instituto y llegué a competir en una ocasión. Un 3.000 y un 1.500 en pista en la misma mañana. Quedé el último en las dos.


A mí lo que me gustaba era recorrer caminos en las zonas rurales cercanas a mi casa. Perderme en las carreteras en medio de los montes y sentirme libre y sano. Entonces muy poca gente corría así. A veces me encontraba con un compañero de clase que era un gran atleta y estaba en el club de la localidad y me decía: “¿Qué? ¿Haciendo un poquito de footing?” Porque él en realidad no hacía footing, cuando salía a correr él entrenaba. A mí realmente me parecía lo mismo.

No sin mi ‘walkman’

A mí me gustaba calzarme mis zapatillas de corredor marca Karhu (las únicas que tuve, me duraron varios años), ponerme unos pantalones de chándal cortos (lo de las mallas o pantalones de atletismo no me lo planteaba), una camiseta de algodón y salía a trotar. Levaba en la mano mi walkman, porque yo siempre he corrido escuchando música si voy solo. Era grande o y pesado, pero para mí era un ‘gadget’ imprescindible. Metía una ‘cassette’, me ponía unos auriculares no menos aparatosos, le daba al ‘play’ y me lanzaba a la calle. Algunos días eran 5 kilómetros, otros 10 o 20. Había muchas cuestas, pero no importaba. Y tampoco el ritmo. El único medidor de tiempo y marcas que llevaba era mi reloj Casio con cronómetro.

Las circunstancias de la vida me apartaron del deporte poco después, y al cumplir los 20 años, dejé de correr. Hasta casi dos décadas después. Pero si echo la vista atrás, no noto mucha diferencia en lo que hago. Sí, ahora participo en muchas carreras, estoy en un grupo de entrenamiento, me preparo para hacer algunas marcas, estoy rodeado de corredores y he hecho grandes amistades gracias a ello. Ahora llevo un reloj con GPS que me marca el ritmo y me mide las distancias, ropa técnica y tengo como mínimo dos pares de zapatillas que uso de forma alterna durante un año como mucho antes de comprarme otras.

Ahora llevo mi móvil en un cinturón muy cómodo y escucho música en él. Ahora soy un runner haciendo algo que millones de personas hacen cada día. Pero lo que me llena es lo mismo que hace 30 años: notar el aire en la cara mientras troto por los caminos o parques, notar cómo mi cuerpo y mi mente lo agradecen y sentirme libre. Porque en esencia hago exactamente lo mismo que entonces: correr.

SOBRE EL AUTOR

Mario Trota
Corredor popular


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