La calurosa y penosa maratón olímpica de 1900
Por Luis Blanco para carreraspopulares.com

Momento de la salida de la maratón olímpica de París en 1900
Los primeros maratones olímpicos han pasado a la historia no solo por su carácter pionero, sino también por su extrema dureza. Los terrenos por los que corrían los atletas no eran las carreteras de asfalto que conocemos hoy, sino irregulares y polvorientos caminos. Y en muchos casos, las temperaturas causaban estragos.
A ello debemos sumar que el atletismo moderno estaba dando sus primeros pasos. Los organizadores no tenían aún mucha experiencia y muchos de los corredores no tenían la preparación adecuada. Eran todos atletas ´amateur´, como dictaban las normas olímpicas, aunque algunos habían demostrado ya sus excelentes cualidades en varias carreras previas de larga distancia. En países como Francia, por ejemplo, las carreras de resistencia tenían cierta popularidad.
Fue allí, en París, cuando se celebraron los segundos juegos olímpicos de la historia moderna en 1900. Como ya ocurriera 4 años antes en Atenas, el programa olímpico incluía la mítica distancia de Filípides, que por entonces era de algo más de 40 kilómetros.
La carrera se celebró el 19 de julio de 1900, a las dos y media de la tarde, y la temperatura era cercana a los 40 grados. Se apuntaron a la carrera 20 atletas, aunque no está claro el número exacto de los que tomaron la salida. Uno de los que no lo hizo fue Thomas Hicks, el estadounidense que cuatro años más tarde ganaría la maratón olímpica de San Luis . Según los escritos de la época y las pocas fotografías existentes del evento, los participantes que comenzaron la carrera fueron alrededor de 17.
El confuso recorrido
Los dos primeros kilómetros se corrían por un circuito de hierba de 500 metros en el Racing Club de París. Y luego el recorrido transcurría por las calles de la capital francesa. Algún corredor abandonó incluso antes de completar los dos primeros kilómetros. Otros lo hicieron en el primer cuarto de la carrera.
Lideraban la maratón entonces el francés George Touquet-Dennis, su compatriota Emile Champion y el sueco Ernst Fast. Pero en el kilómetro 12 Touquet-Dennis se retiró. En su libro “The Olympic Marathon” sus autores cuentan cómo el francés se detuvo en una cafetería, bebió dos cervezas y abandonó.
Es importante apuntar también que el recorrido no estaba bien marcado y que muchos de los participantes tomaron caminos equivocados en varias ocasiones, haciendo más kilómetros de los oficiales. Esto, unido a la dureza del trazado y a las altas temperaturas, provocó continuos abandonos.
A mitad de recorrido, el atleta Michel Théato alcanzó al grupo que lideraba la carrera y tomó la cabeza. Ya no abandonaría este puesto hasta la línea de meta. Théato se convirtió en el campeón, con una marca de 2.59.45, seguido de Champion (3.04.17) y de Fast (3.37.14). Solo terminaron la prueba 7 corredores, los cuatro últimos por encima de las 4 horas.
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Un momento de la maratón olímpica de París en 1900
El ganador
El vencedor, Michel Théato, era un joven de 22 años registrado como francés. Sin embargo, una investigación llevada a cabo décadas más tarde determinó que en realidad era luxemburgués. Pertenecía al club de atletismo Saint-Mandé de París.
Según las informaciones de la época, Théato era panadero y repartía cruasanes por las calles de París. El atleta estadounidense Arthur Newton, que acabó quinto en la maratón olímpica de 1900, denunció que Théato se aprovechó de su conocimiento de las calles de París para tomar atajos y no realizar todo el recorrido oficial de la maratón.
Los autores del libro “The Olympic Marathon”, sin embargo, aseguran que Théato en realidad era carpintero y que además, en 1900, las panaderías de París no repartían cruasanes a domicilio, sino que eran los parisinos los que acudían a las tiendas a comprarlos.
Sea como fuere, Emile Théato pasó a la historia como el segundo campeón olímpico de Maratón y, a pesar de las peticiones recientes de Luxemburgo, sigue apareciendo como francés en los registros oficiales de los juegos. Tras su victoria, el joven atleta siguió compitiendo en carreras de fondo y estableció el récord francés de 10 kilómetros en 35 minutos y 13 segundos. En 1902 se hizo profesional y participó en varias pruebas, pero el nivel de sus competidores era mayor y no logró destacar.
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