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Seguridad en la montaña: cómo preparar tu mochila para la ruta perfecta

Por carreraspopulares.com

La naturaleza tiene un poder incomparable para recargarte las pilas. El ruido de la ciudad desaparece, respiras aire puro y ese bocata que llevas en la mochila te sabe a gloria bendita. Sin embargo, hay una regla de oro importantísima: a la montaña se va preparado. Porque el entorno natural es espectacular, sí, pero también es cambiante e impredecible.

El secreto para disfrutar al máximo y volver a casa de una pieza es la prevención. Y todo empieza antes de salir, justo en el momento de preparar la mochila en casa. Olvídate de meter trastos «por si acaso» que solo sumarán kilos innecesarios a tu espalda; aquí tienes los esenciales definitivos para hacer la travesía ligero, cómodo y perfectamente equipado.

1. Conectividad y navegación

Empezamos por lo que no pesa, pero salva vidas. En plena montaña, la señal es caprichosa y quedarse sin cobertura supone un riesgo enorme, sobre todo si vas a hacer una ruta en otro país y no estás muy familiarizado con la zona. Los Alpes suizos, los Andes, el Atlas marroquí… son destinos legendarios, pero también exigentes.

Depender de la red wifi de los refugios es jugar a la ruleta rusa y el roaming de tu operador te puede dejar una factura curiosa. Por eso, antes de subir a la cima, lo más práctico es llevar instalada una tarjeta eSIM en tu móvil. Al ser un plan de datos digital que activas al instante, cuentas con la mejor conexión posible en todo momento para consultar el radar meteorológico en tiempo real, descargar mapas, usar tu GPS o, si la cosa se tuerce, mandar tu ubicación exacta a los servicios de rescate. Es tecnología sencilla que te facilita la vida.

Eso sí, de nada sirve tener la mejor conexión si la batería te deja tirado. El frío de la montaña drena las baterías de los teléfonos rápidamente. Acostúmbrate a llevar siempre contigo una power bank (batería externa) de al menos 10.000 mAh y un cable resistente. Y como extra: echa a la mochila un mapa físico de la zona y una brújula. La tecnología es maravillosa, pero lo analógico nunca falla.

2. Vístete en capas

El algodón es tu peor enemigo en la montaña porque retiene el sudor, se enfría y tarda una eternidad en secarse. El truco experto que todo montañero utiliza es vestirse por capas, como si fueras una cebolla. Si tienes calor, te quitas capas; si tienes frío, te las pones.

  • La capa base: una camiseta técnica transpirable (de fibras sintéticas o lana merina) que se ajuste bien y aleje el sudor de tu piel.

  • La capa de abrigo: un forro polar o un plumífero ligero que retenga tu calor corporal.

  • La capa exterior: lo más recomendable es usar un cortavientos impermeable (tipo Gore-Tex). Evitará que la lluvia y el viento helado penetren en tu cuerpo.

Por otra parte, ojo con el cuidado de las extremidades. Unos calcetines de trekking sin costuras (y un par de repuesto) te pueden evitar un buen calvario por culpa de las ampollas. Tampoco olvides meter en la mochila una braga para el cuello, unos guantes y unas gafas de sol con protección UV. Y por supuesto, invierte en unas botas de montaña de calidad que te sujeten bien el tobillo y tengan una suela con agarre potente.

3. Agua y comida inteligente

La «pájara» es uno de los grandes clásicos del senderismo. Caminar por terreno irregular, sumado al desnivel, quema muchísimas calorías. Te recomendamos dejar los recipientes pesados en casa y optar por alimentos de alta densidad energética. Los frutos secos, las barritas de cereales, el chocolate negro, los dátiles y los plátanos te dan un chute de energía rápido y ocupan poco espacio en tu mochila.

En cuanto al agua, no confíes en encontrar un manantial cristalino por el camino (a veces están secos o el agua no es potable por el paso del ganado). Lleva siempre, al menos, dos litros de agua por persona. Si la ruta es exigente o el día es caluroso, añade pastillas de sales minerales o electrolitos a tu cantimplora para evitar sufrir calambres musculares.

Como prevención extra, no está de más que incluyas un filtro de agua portátil o pastillas potabilizadoras. No pesan nada y te permiten rellenar tus botellas en arroyos de forma 100% segura en caso de emergencia.

4. El kit de supervivencia básico

Estas cosas deberían vivir de forma permanente en el fondo de tu mochila de trekking. Da igual lo corto o fácil que te parezca el sendero:

  • Manta térmica: es un trozo de papel de aluminio glorificado que cuesta menos de cinco euros y no pesa nada. Si te tuerces un tobillo y tienes que esperar a que te rescaten, será tu mejor aliado contra la hipotermia.

  • Frontal (con pilas de repuesto): la peor pesadilla del alpinista es calcular mal el tiempo y que se te eche la noche encima en mitad del bosque. El móvil tiene linterna, pero gasta batería y necesitas las manos libres para caminar. Mejor un frontal.

  • Botiquín de primeros auxilios: tiritas para las ampollas, vendas, puntos de papel, desinfectante, pinzas (para astillas o garrapatas) y algún analgésico.

  • Silbato: gritar pidiendo auxilio te deja afónico en diez minutos. Un silbato se escucha muchísimo más lejos y requiere poco esfuerzo.

  • Navaja multiusos: te puede sacar de mil apuros, desde cortar un vendaje hasta arreglar una cremallera.

  • Cinta americana: es versátil; te servirá para parchear un agujero en la tienda, arreglar la suela de una bota que se despega, y más.

El mejor equipamiento: sentido común

La montaña ofrece una experiencia increíble, pero es importante mantenerse alerta y usar la lógica. Un sol radiante puede convertirse en una tormenta en cuestión de veinte minutos o un resbalón tonto en una piedra puede dejarte con un esguince en medio de la nada.

Es fundamental que consultes la previsión meteorológica antes de salir de casa y que compartas tu ruta prevista con algún amigo o familiar. Además, no tengas reparo en darte la vuelta si el tiempo se pone feo o si no te encuentras bien. La montaña lleva ahí millones de años y no se va a mover; podrás volver a intentarlo el próximo fin de semana.



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