El saludo de los corredores: ese gesto que dice mucho más que "hola"
Por Mario Trota para carreraspopulares.com

Hay un momento curioso que se repite miles de veces cada día en caminos, parques, carriles bici y senderos de montaña. Dos personas que no se conocen, que probablemente nunca volverán a verse, cruzan sus trayectorias corriendo y, casi sin pensarlo, levantan ligeramente la mano, asienten con la cabeza o esbozan una sonrisa.
No intercambian una palabra. No saben cómo se llaman, qué profesión tienen ni de qué equipo son. Pero durante un segundo se reconocen como iguales.
Es el saludo de los corredores.
Y aunque parezca un detalle sin importancia, dice mucho de una forma de entender este deporte.
Un idioma que no necesita palabras
Quien empieza a correr suele sorprenderse la primera vez que alguien le saluda.
La reacción habitual es mirar hacia atrás para comprobar si el gesto iba dirigido a otra persona. Después llega una mezcla de sorpresa y satisfacción. "¿Me estaba saludando a mí?"
Sí.
Porque para muchos corredores existe una especie de código no escrito. Si compartimos el mismo esfuerzo, el mismo frío de invierno, el mismo calor del verano o la misma cuesta interminable, de alguna manera ya formamos parte del mismo club.
No hace falta llevar el mismo dorsal ni entrenar en el mismo grupo.
Basta con correr.
El saludo hay que ganárselo... o eso parece
Existe una teoría, completamente absurda pero bastante divertida, que sostiene que el número de saludos que recibes es directamente proporcional a tu aspecto de corredor.
Si vas con zapatillas nuevas, ropa impecable y un ritmo tranquilo, algunos apenas levantan la vista.
Sin embargo, cuando llevas veinte kilómetros encima, la camiseta empapada de sudor, la respiración descontrolada y una expresión que mezcla sufrimiento y determinación, los saludos aparecen por todas partes.
Quizá sea porque reconocemos el esfuerzo.
O quizá porque pensamos que esa persona necesita un poco de ánimo para sobrevivir al entrenamiento.
En montaña el saludo es obligatorio
Si hay un lugar donde esta tradición alcanza su máxima expresión es en la montaña.
Allí no existe el anonimato.
Todo el mundo saluda.
Da igual si corres, caminas, haces senderismo o subes una cima con bastones. El saludo forma parte del paisaje.
Tiene una explicación práctica. Durante décadas, encontrarse con otra persona en la montaña era algo poco frecuente. Saludarse era una forma de comprobar que todo iba bien y de ofrecer ayuda si era necesario.
Hoy esa costumbre sigue viva.
Y quizá deberíamos aprender algo de ella.
En la ciudad las prisas cambian las normas
En cambio, correr por una gran ciudad es otra historia.
Miles de personas hacen deporte cada día.
Si saludáramos a todos acabaríamos con el brazo levantado durante toda la sesión.
Por eso el gesto se vuelve más selectivo.
Normalmente aparece cuando coincides varias veces con la misma persona, cuando entrenáis a horas parecidas o cuando compartís una serie de cuestas que parecen diseñadas por alguien con muy poco sentido del humor.
Sin darte cuenta, acabas saludando siempre a los mismos desconocidos.
Nunca habéis hablado.
Pero si un día no aparecen, hasta los echas de menos.
El corredor veterano saluda diferente
Hay algo curioso.
Los corredores con muchos años de experiencia suelen saludar más.
Quizá porque ya no necesitan demostrar nada.
Quizá porque recuerdan perfectamente lo que sintieron cuando alguien les saludó por primera vez.
O simplemente porque entienden que correr es mucho más agradable cuando existe cierta complicidad entre quienes comparten el mismo camino.
En cambio, algunos principiantes evitan incluso levantar la mirada.
No por mala educación.
Sencillamente van demasiado concentrados intentando que el pulsómetro no les recuerde que han salido demasiado rápido.
El día que no te apetece saludar
También existen esos días que sales enfadado, has dormido mal y el entrenamiento no sale. Las piernas pesan como bloques de cemento y aparece otro corredor levantando la mano; sin darte cuenta respondes al saludo y durante un segundo cambias la expresión y continúas corriendo algo más ligero.
Es sorprendente el efecto que puede tener un gesto tan pequeño.
Mucho más que educación
El saludo entre corredores no es una norma, no existe ninguna obligación pero nadie debería sentirse mal por no hacerlo.
Hay quien entrena concentrado, quien escucha música, quien simplemente no ha visto a la otra persona yno pasa absolutamente nada; pero cuando el saludo aparece, suele transmitir un mensaje muy sencillo: "Sé lo que estás haciendo porque yo también estoy haciendo lo mismo."*
Y pocas cosas generan tanta empatía como compartir un esfuerzo.
Quizá por eso seguimos corriendo
Correr es uno de los deportes más individuales que existen, nadie puede hacer las series por ti, nadie puede respirar por ti en el último kilómetro, nadie puede terminar tu maratón y sin embargo, pocas actividades generan una comunidad tan silenciosa. Una comunidad que no necesita carnés, cuotas ni reuniones, solo un camino, dos corredores cruzándose... y una mano levantándose durante un instante; porque, al final, el saludo de los corredores no sirve para decir "hola"; sirve para recordar que, aunque cada uno corra su propia carrera, durante unos segundos ninguno corre completamente solo.
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