“Hijo, no corras tanto, que te vas a quedar en los huesos”
Por Mario Trota para carreraspopulares.com

El peso y el corredor, la pelea con los kilos
Seguro que todos los que corremos hemos escuchado esa frase de madre preocupada y pendiente de nuestra salud: “Hijo, estás muy delgado, ¿comes bien?”. Y tú respondes que sí, que no es para tanto. En realidad, a la mayoría nos pasa porque empezamos a correr para quitarnos esos kilos de más que nos sobraban y, claro, cuando tu cuerpo adopta una forma más ‘fina’, saltan las alarmas en el sistema de vigilancia de tu madre.
Sí, voy a hablar de mi (cambiante) peso desde que soy corredor y de lo mucho que cuesta, a veces, mantener el adecuado. Pero antes quiero dejar claro que es una cuestión muy importante y que, ya sea por exceso de kilos o por lo contrario, lo ideal es seguir de vez en cuando las indicaciones de un profesional de la nutrición. Sobre todo si quieres perder peso cuando te preparas para una carrera importante que requiere un entrenamiento intenso.
Pero supongo que mi historia con el peso como corredor popular es la de otros muchos que me leen. Empecé a correr, como he dicho, porque el médico me dijo que con el peso que tenía y tras los resultados de una preocupante analítica, era mejor que perdiera kilos, hiciera ejercicio y llevara una alimentación más sana y equilibrada.
Comencé a comer mejor y a correr, y eso me ayudó a perder mucho peso. Hacía muchos años que no me encontraba tan bien. Todo el mundo alucinado y contento con mi progresión. ¡Hasta mi madre! Pero correr me enganchó y mis sesiones de rodaje suave para perder peso dieron paso a entrenamientos más intensos para bajar mi marca en 10 kilómetros. Así que mi cuerpo empezó a transformarse y mi delgadez era cada vez más notable.
El postre de mamá
Visita a casa de mis padres a comer y comentario inevitable de mi madre: “hijo, ¿no crees que ya has adelgazado suficiente? Te estás pasando”. Y yo, que me he pesado por la mañana y he visto que en realidad estoy dos o tres kilos por encima del peso que sería óptimo para correr unos segundos por kilómetro más rápido, le digo que no, que estoy bien.
Y cuando insiste en que repitas y tomes otro plato de garbanzos, o que comas ese rico postre de chocolate, tú piensas que mañana tienes carrera y no debes pasarte con la comida.
Aviso que yo por entonces ya visitaba ocasionalmente a una nutricionista que me controlaba el peso y mi alimentación y que todo estaba bajo control. Pero a una madre esas explicaciones no le valen. Ella sabe mejor que nadie lo que le sienta bien a su hijo y lo que no.
Pero lo que no quiere saber una madre, o no le importa, es que si estás más delgado (dentro de un límite, insisto) corres más rápido. El entrenamiento ayuda, está claro. Pero si a un buen entrenamiento le unes un peso adecuado, las marcas siempre llegan. Mis mejores registros los he conseguido siempre cuando he perdido algunos kilos y me he cuidado.
Maratón de kilos
El problema llega cuando entrenas una maratón. Sobre todo en las semanas previas a la carrera. Tu cuerpo está ‘fino’, como dicen los atletas. Tu madre dice que estás ‘chupado’, que se te notan los huesos y que eso “no debe ser sano”. Y, en cierto modo, tiene razón. Quizá llevamos nuestro cuerpo un poco al límite a veces y, por mucho control nutricional que lleves, es cierto que entrenar para un maratón no es del todo bueno para nosotros.
Viendo las fotos de esos días anteriores a un maratón o las mismas del día de la carrera, a veces me asusto de lo delgado que se me ve. Pero se me pasa cuando me doy cuenta de que, algunos años después, estoy luchando por volver a perder esos kilos de más que se han alojado en mi barriga.
Porque ese es el otro problema que tenemos muchos corredores. Cuando nos relajamos un poco y entrenamos menos, nuestro cuerpo vuelve a coger peso y empezamos a correr más lento y con más dificultad. A mi eso me disgusta, pero a mi madre le encanta: “¿Ves, hijo? Ahora sí se te ve bien, no como antes, que estabas demasiado delgado. Anda, toma un poco más de postre”.
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SOBRE EL AUTOR
Mario Trota
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