Los orígenes del deporte adaptado (I): recuperación de heridos de la IGM
Por Chema Martínez Pastor para carreraspopulares.com
El deporte es una fuente de beneficios para cualquier persona que lo practique. Sin ir más lejos, la Organización Mundial de la Salud incluye, entre sus recomendaciones para evitar la obesidad y prevenir enfermedades coronarias, un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico de moderada intensidad o 75 minutos de intensidad alta. Si esta es una realidad indudable para todas las personas, lo es más aún para aquellas que sufren alguna discapacidad o situaciones de movilidad reducida.
La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) define la discapacidad en función de la relación de una persona con su entorno, abarcando deficiencias, limitaciones de la actividad y restricciones a la participación. Esto incluye limitaciones por enfermedad o cuadro clínico, pero también por factores personales y ambientales. Aproximadamente, según la OMS, más de un 15% de la población mundial sufre una discapacidad de algún tipo.
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Beneficios del deporte para las personas con discapacidad
Según el Colegio Americano de Medicina del Deporte (2008), los beneficios de la actividad física para personas con discapacidad se traducen en mejora cardiovascular y condición física, mejora de la salud mental y mejora de las habilidades para la vida diaria. Por ello es tan importante la existencia de federaciones, equipos y recursos donde personas con problemas de movilidad puedan practicar diferentes modalidades deportivas.
Echando la vista atrás, el deporte adaptado no es algo reciente, a pesar de que en sus inicios el deporte no estaba pensado para ser practicado por personas con problemas de movilidad. En la Primera Guerra Mundial encontramos los primeros ejemplos de deporte adaptado, en este caso con un uso terapéutico. Los soldados británicos heridos en el frente usaban deportes como el cricket para entretenerse en sus estancias en el hospital, y pronto los médicos se dieron cuenta del efecto positivo que tenía para su recuperación física y moral. Para los veteranos heridos, el deporte representaba mucho más que una terapia, ayudándoles a conectar con una vida más plena y establecer contactos sociales.
Mientras que en décadas anteriores los médicos defendían que el masaje y el movimiento pasivo proporcionaban los mismos beneficios que el ejercicio, durante la guerra se descubrió que el movimiento activo tenía mejor efecto. El colectivo médico le dio tanta importancia al movimiento activo que algunos experimentaron con actividad física postoperatoria muy temprana, tan pronto como la hinchazón comenzaba a retroceder, y en algunos casos, tan pronto como la anestesia dejaba de hacer efecto.
El deporte para los veteranos heridos se incluía en el contexto de actividad física prescrita por los médicos. Pronto se empezó a enviar a los pacientes al gimnasio, algo nada usual en esa época. Algunos de los ejercicios habituales eran caminar en un andador o recorridos con vallas, muchas veces incluso acompañados de un fonógrafo o un piano en el propio gimnasio.
Competiciones para heridos
Existen, además, documentos de la época que narran que los pacientes de hospitales de rehabilitación se extendieron por la época. Es el caso del Hospital St Dunstan’s, que se ocupaba de los soldados que habían perdido la vista en la guerra o el Hogar Star and Garter, donde vivían veteranos de guerra con diferentes discapacidades.
Pero si un centro destacó fue el Roehampton Hospital al sur de Londres, donde hay constancia de que en 1915 se celebraban torneos de fútbol y tenis entre los soldados heridos. En 1917 estas competiciones se abrieron al público y comenzaron a ganar fama. Para los pacientes suponía un estímulo para avanzar en su rehabilitación. Los eventos incluían pruebas atléticas y otras actividades, como carreras de carros para los amputados dobles. Las carreras a pie y el fútbol eran los más populares entre los participantes y entre el público.
Años más tarde, estas experiencias sirvieron para que el neurocirujano alemán Ludwig Guttmann, refugiado de la Alemania nazi, pusiera en marcha en el hospital de Stoke Mandeville los que serían los precursores de los Juegos Paralímpicos.