Y olvidé los auriculares en casa

Por Gema Payá para carreraspopulares.com

Recuerdo esos días en los que salía de casa con todo listo para entrenar, o eso creía. ¿He olvidado mis auriculares? No lo dudaba, media vuelta y pensaba: “No puedo salir a correr sin mi música”. Ahora el mapa mental parece haber cambiado un poco, la excusa de no calzarme las zapatillas ya no tiene que ver con llevar o no la música encima.

Música a todo volumen y a correr. Esa era yo y en ocasiones sigo siéndolo, aunque en menor medida. ¡Necesitaba la música! Salía de trabajar o planificaba madrugar y mi cabeza pensaba en desconectar y en la gratificante sensación de ‘el después’. Completaría mi entrenamiento, eso sonaba bien, y ello conllevaba a tener mi espacio, mi momento para pensar y evadirme mientras me desahogaba zancada a zancada.


No sin mi música

Así podría ser uno de mis entrenos marcado por el orden de mi playlist:

- De camino al entrene: El trayecto rumbo al entrene también tiene que estar marcado por la música, más en concreto por canciones con un cierto ‘subidón’. Con ellas me siento algo así: “Un día más estoy aquí, he dejado mi pereza atrás y se que va a ser gratificante. Ya he hecho lo más difícil, salir de casa”.

- Calentamiento: La música me acompaña y me automotivo al mirar a mi alrededor. No estoy sola, pues son muchos los runners los que también están ahí.

- En carrera: Aquí el entrenamiento manda. Ritmo pausado, constante o ‘a todo gas’. Voy jugando con la playlist en busca de la canción que más me hace sentir ese ‘no se qué’ en cada fase. Porque la música me provoca desconexión, pero también me hace pensar y en muchas ocasiones viajar, recordar situaciones pasadas o crear nuevas, como por ejemplo mi llegada a meta a una carrera. ¡Suena bien!

Siguiendo este plan, ¿cómo salir a entrenar sin música? De no tenerla, parece que poca gasolina voy a disponer para avanzar. Pero, ¿qué pasa en una carrera? Estos fueron los motivos de por qué empecé a dejar de lado la música en mis entrenamientos. Tenía que intentarlo.


Dejarla de lado

“Pruébalo, vas a empezar a conocerte a ti misma”. Esta era de una de las recomendaciones lanzadas para que dejase de lado la música. Es cierto que hacía tiempo que en mis carreras los auriculares ya habían sido olvidados y ahora tenía que probar la otra parte, ausentarlos también en mis entrenos. Sabía que no iba a ser fácil.

Según investigadores de la Universidad de Gante (Bélgica) nuestro oído sólo puede distinguir cambios en el tempo de la música si son superiores al 4% (por ejemplo, si escuchamos una canción con un tempo de 160 latidos por minuto, para el oído estará sonando al mismo ritmo que una de 165). Sin embargo, nuestras piernas son capaces de percibir ese cambio, pues si corres al ritmo de la música puedes pasar fácilmente de 160 a 165 pasos por minuto. Con esta información, tiene sentido que la tarea de correr ‘desnudos’ no sea fácil. Así fue mi proceso de running sin ella:

- La necesitad de llevarlos encima:
Seguía preparando mi bolsa de entreno e incluyendo los auriculares, era el ‘por si acaso me arrepiento’. Fueron muchas veces las que caí, aunque con el tiempo seguía llevándolos encima, pero sin darle al play. ¿Una especie de placebo?

- Conociéndome: La música no sonaba, lo hacía cualquier sonido del lugar. Pero no solo eso, empezaba a escuchar a mi cuerpo, mi respiración, mi cadencia y mi esfuerzo en cada zancada. Sentía cuando me fatigaba y lo rápido que estaba corriendo. Con el tiempo, empecé a conocerme en carrera, a saber cuando podía dar más y cuando estaba hecha polvo. Solo sentía.

- Mayor confianza: Si lograba saber reaccionar en mis entrenamientos, ello significaba que también podría hacerlo en carrera. Empezaba a saber controlar la situación y ello se tradujo en una mayor confianza en mi misma.

Y hasta aquí puedo contar. Los auriculares ya no son un complemento imprescindible en mi kit runner. No he desterrado por completo la música, pero ahora ya puedo decir lo que me aporta llevarla y el correr sin ella. Un ejemplo más del aprendizaje que aporta este deporte: prueba y conócete a ti mismo.

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