Las contracturas en el corredor

Por Francisco Gilo para carreraspopulares.com

Las contracturas en el corredor
Lo primero que nos viene a la mente cuando hemos hecho un entrenamiento intenso es: ¡Mañana tendré agujetas!. Las agujetas son lesiones microscópicas de las proteínas musculares que afectan de forma masiva a un grupo muscular al que se le somete a un esfuerzo al que no está adaptado, como el inicio de una temporada deportiva y, habitualmente, en condiciones de contracción excéntrica en contra de la fuerza de la gravedad. El deportista padece dolores difusos, en punzada, difuminados, que duran de dos a tres días y que se reproducen al contraer el músculo dañado. Son autolimitadas y la reparación proteica del propio organismo se encarga de subsanarlas.

Por otra parte, cuando decimos he tenido una contractura, muchas veces nos estamos refiriendo a una situación en la cual el músculo está como “una piedra” tratando de evitar que la lesión que esconde se rompa más, para lo cual, como mecanismo de defensa, se contrae y así evita que esas fibras se lesionen más.

En estos casos la contracción enérgica y prolongada de un músculo origina el estado bien conocido de fatiga muscular. Resulta de una incapacidad de los procesos contráctiles y metabólicos de las fibras musculares para seguir ejecutando el mismo trabajo. El nervio continúa funcionando adecuadamente, los impulsos nerviosos atraviesan normalmente la unión neuromuscular hacia la fibra del músculo, e incluso potenciales normales difunden por las fibras musculares, pero la contracción se debilita cada vez mas por depleción de ATP en las propias fibras musculares.

Especialmente los ejercicios de contracción excéntrica, aquellos en los que el músculo permanece contraído mientras se alarga son bastante dañinos para las miofibrillas musculares. Esto supone el esfuerzo reparador diario que lleva a cabo el propio organismo, y que es una de las bases de la supercompensación, el fenómeno conocido desde hace decenios por los entrenadores de todo el mundo, y que consiste en la adaptación al esfuerzo que capacita al cuerpo a mayores y más intensos esfuerzos y, por tanto, la mejora del rendimiento deportivo.

Las contracturas musculares son las reinas de las lesiones deportivas, las más numerosas. Las tenemos de todas las clases. Las más leves, que también son conocidas por sobrecarga muscular, son dolores leves a moderados y aumentos generalizados del tono de las fibras en un determinado músculo. El deportista advierte que uno de sus músculos se sobrecarga durante los entrenamientos, le produce pequeños dolores y él mismo se lo palpa con más dureza de la habitual. No impiden la práctica deportiva, pero obligan al deportista a extremar sus cuidados de fisioterapia, como el masaje de descarga y los estiramientos, para impedir que la lesión evolucione a estadios más graves.

Las contracturas moderadas o graves son una contracción involuntaria e inconsciente, dolorosa y permanente, localizada en un músculo o en uno de sus fascículos y que no cede espontáneamente en reposo. Pueden, en ocasiones, causar intenso dolor; el deportista refiere una zona del músculo especialmente tensa y dolorosa a la palpación, nos obliga, en primer lugar, a un correcto diagnóstico y a descartar la existencia de rotura fibrilar. Para ello nos valemos de una cuidadosa exploración física, en la que inspeccionamos la región anatómica afecta, palpamos detallada y meticulosamente el músculo dañado, advirtiendo dolor localizado, le sometemos a pruebas de contracción resistida y estiramientos, en las que podemos apreciar dolor moderado y fuerza conservada, y lo comparamos con el lado contralateral.

La fatiga muscular tiene funciones de protección
La fatiga muscular se define como la falta de capacidad de un músculo para mantenerse trabajando, este procesos ocurre en 20 seg bajo condiciones de máximo esfuerzo, esto no se debe ni al agotamiento de glucógeno en el músculo ni a la acumulación de lactato (esto se demuestra haciendo trabajar al músculo en presencia de concentraciones elevadas de lactato manteniendo el pH cercano a 7.0). Por el contrario, resulta de la generación de protones de la glucólisis que puede cambiar el pH de 7.0 a 6.4. El mecanismo por el cual la acidificación causa la fatiga no es todavía claro, lo más probable es que la PFK (piruvatofosfoquinasa) disminuye su actividad a pH ácidos. Lo que si es claro es que la fatiga inhibe el suicidio de las células musculares por extinguir sus reservas de ATP.

La rigidez de los músculos estáticos: Nadie escapa a esta rigidez. Este maravilloso mecanismo que asegura las grandes hegemonías (respiración, manos libres, pies en el suelo, mirada horizontal), presentan inconvenientes.

Las agresiones contraen los músculos estáticos: Los músculos estáticos organizados en cadenas funcionales, no pueden permitirse estar débiles porque si así fuera, nuestro edificio óseo se vendría abajo. Por lo tanto, ante cualquier agresión reaccionan aumentando el tono muscular. Cuando más agredidos, más rígidos. Si la agresión es leve no dejará secuelas, pero si es importante o repetitiva se traducirá en un acortamiento permanente. Y un músculo, una vez acortado, no devuelve espontáneamente la longitud perdida. Sólo mediante un alargamiento global y simultáneo puede recuperar toda o parte de esa longitud. En cambio, un estiramiento local no hará otra cosa que trasladar el acortamiento, camuflar la lesión.

Así pues, las lesiones en lugar de resolverse se fijan en acortamiento muscular permanente, creando desequilibrios de tensiones que se irán propagando a lo largo de las cadenas musculares, pudiendo dar problema a distancia y al cabo de un tiempo.

No sólo las lesiones acortan los músculos. El sobreesfuerzo debido a trabajos físicos duros o repetitivos actúa también como una agresión y acaba acortando los músculos más solicitados. A mayor esfuerzo, mayor acortamiento y rigidez. De ahí la importancia preventiva de la Reeducación Postural Global en profesiones que entrañan sobreesfuerzo muscular.

Círculo vicioso: La sarcómera es la unidad contráctil del músculo. Consta de filamentos proteicos de actina y miosina que se interpenetran. Durante la contracción aumenta el grado de penetración, y en la relajación vuelven a su posición inicial. Pero cuando un músculo es sometido a un esfuerzo prolongado, la sarcómera ya no vuelve a la posición inicial en la fase de relajación. El músculo se ha hecho más resistente, pero ha perdido elasticidad.

Al perder elasticidad, también pierde fuerza contráctil, por lo que deberá esforzarse más. A mayor esfuerzo, mayor acortamiento, cerrándose así el círculo vicioso que ya hemos visto en la respiración, y que es el causante de todo tipo de lesiones musculares, tendinosas, articulares y óseas. La artrosis, tendinitis, protusiones discales y deformaciones, no son más que la expresión de la rigidez de los músculos estáticos. Si comprendemos esto, estaremos en disposición de poder ayudar a mejorar la calidad de vida de muchos pacientes y la nuestra propia.

Los músculos que nos erigen, nos aplastan. La gravedad es una fuerza vertical hacia abajo. Como nuestra línea de gravedad cae por delante de la articulación del tobillo, nuestra tendencia es la de caer hacia delante. Para evitarlo necesitamos un dispositivo muscular posterior que contrarreste esta tendencia. Lo ideal sería disponer de un músculo que traccionará nuestra cabeza en sentido vertical hacia arriba, como los hilos de una marioneta. Pero no sólo carecemos de él, sino que además los músculos encargados de luchar contra la gravedad tienen su punto fijo inferior.




SOBRE EL AUTOR

Francisco Gilo
Medico



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