¡Alerta! ¿Necesitas renovar tus zapatillas?

Por Rubén Sánchez-Gómez para carreraspopulares.com

En el mundo del corredor recreacional o "runner" no profesional se suelen dar multitud de situaciones que generan dudas muy razonables con respecto a muchos temas que a la larga, pueden afectar a su rendimiento. Y no hay nada más preciado para un corredor recreacional, que literalmente encaja sus entrenamientos dentro de su vida social, laboral y personal, que el tiempo. Y es que el tiempo de entrenamiento y su relación con la calidad del mismo pueden verse mermados por diversos factores, entre ellos, las zapatillas que usamos.

Sabemos que unas zapatillas demasiado usadas pueden ser causa de lesiones o de disminución del rendimiento, pero... ¿cómo sabemos que nuestras zapatillas ya están viejas?

Principalmente tenemos que estar atentos a los desgastes de la suela. Se puede valorar el relieve del dibujo así como la presencia o no de dicho dibujo. Por hacer una analogía con algo que es mucho más vigilado por nosotros, como son los neumáticos del coche: igualmente con nuestras zapatillas deberemos mirar si se ha borrado el grosor y las marcas de la suela de la zapatilla, y en concreto de dos zonas: de la zona del talón y de la región metatarsal (la zona central de la parte delantera de la suela). La desaparición de dicho dibujo no sólo es negativo por la pérdida de adherencia de la zapatilla, sino que además es signo de desgaste. Incluso, podremos comprobar si dicho desgaste es similar con el de la otra suela (de no ser simétrico, estaríamos ante alguna deficiencia en la pisada, que un podólogo deportivo de confianza debería valorar).

Fuera de la suela, hay otros parámetros a valorar en el desgaste de las zapatillas como por ejemplo el material del lateral interno de la misma (lo que vendría a ser la zona de material que está pegando con nuestro arco interno), dado que dicha región suele "abombarse" hacia fuera cuando la zapatilla está muy usada. Otros signos clásicos más visibles a la mirada inexperta de un corredor son la rotura de la puntera en su región dorsal, el despegamiento de los materiales de la puntera o el talón, el deshilachamiento de los cordones o la pérdida del material amortiguador o de confort del interior de la zapatilla.

En todos estos casos, es muy recomendable cambiar las zapatillas pues estaremos evitando problemas mayores que a buen seguro pudieran surgir si se perpetua el uso de ese calzado, que por ofrecer un dato de durabilidad media, suele estar entorno a los 1000km.

SOBRE EL AUTOR

Rubén Sánchez-Gómez
Equipo Pododinamica
Expertos en Biomecánica

www.pododinamica.es


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