Tus primeros recuerdos como corredor

Por Borja Martínez para carreraspopulares.com
Los niños corren casi desde que aprenden a andar
Los niños corren casi desde que aprenden a andar

Todos los que corremos guardamos en nuestra memoria recuerdos de los momentos más especiales que hemos vivido disfrutando de este deporte. La mayoría, seguramente, estarán relacionados con alguna carrera: el momento de cruzar la meta de tu primera carrera, el día que te colgaron una medalla al acabar un maratón o aquella vez en la que acompañaste a alguna persona querida para conseguir su mejor marca.

Aunque posiblemente también guardes en tu disco duro mental otros recuerdos que tienen que ver con amigos con los que corres, una ruta especial en la montaña o aquella vez que corriste en un lugar remoto y exótico y descubriste que no hay sensación mejor.

Pero vamos un poco más atrás en el tiempo. Intenta recordar la primera vez que corriste. Posiblemente no sepas cuándo fue. Porque eras aún demasiado pequeño. Eras un niño. Porque los niños corren, sin darse cuenta, sin darle importancia, sin presión y simplemente porque les gusta, lo disfrutan y no se plantean si es bueno o es malo.

El instinto de un niño le lleva a querer correr casi desde que es capaz de andar. Es algo natural. Y cuando va creciendo y queda a jugar con otros niños, probablemente lo seguirá haciendo, aunque sea detrás de un balón.

Por eso a veces es bueno pararse a reflexionar y tratar de conectar con experiencias de nuestro pasado que están ahí y a las que no damos importancia. Puedes llevar 20 años coriendo, o hacerlo desde que eras adolescente. Pero lo que no tienes en cuenta es que ya antes de saber que te gustaba correr lo hacías de forma inconsciente. Y te encantaba.

Corre como un niño

Pero podemos ir un poco más allá y aprender de nuestro niño corredor. Hoy en día, atrapados en las rutinas de la vida como adultos, con el estrés que nos supone el trabajo, la frenética actividad de la sociedad, la familia o los compromisos sociales, correr nos sirve para evadirnos y estar en forma.

Pero quizá lo hacemos con la presión de una marca, del tiempo limitado que tenemos para nuestra sesión de entrenamiento o prestando demasiada atención a cómo respiramos, cómo es nuestra zancada o el ritmo que llevamos. Porque hemos leído, o nos han dicho, que para correr mejor hay que tener en cuenta todos esos aspectos.

Cuando eras niño no te planteabas nada de eso, porque no lo conocías. Y, sin embargo, tu forma de correr era natural, fluida. Sólo tienes que fijarte en un parque cómo corren los chicos y chicas mientras juegan. No piensan en cómo corren. Y eso hace que correr les resulte muy fácil.

Por eso, en muchas ocasiones intento correr como si fuera un niño. Liberando del todo mis pensamientos y sin pensar en lo que estoy haciendo o cómo lo hago. Y tratando de conectar con los recuerdos más remotos de mi pasado como corredor. Sí, porque, aunque no te des cuenta, eres corredor desde que empiezas a andar.


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